domingo, 30 de agosto de 2015
Raíces de Heno
Subiendo hacia la cúspide ingrávida de nuestro abrazo
Hay un paisaje que sacia el hambre.
Un ombligo que gesta montañas,
embalse de tormentas y dulzura.
Un boca a boca de oxígeno al cielo.
En este venturoso acantilado,
rocódromo, que reafirma el soplo y el viento.
Vertiginosas coreografías suicidas.
Desfiladeros, para bailarines con alas.
Volteretas en una ruleta de colores.
Veo una naturaleza de pastos,
con vacas que duermen al raso,
entre un susurro de silencio embarrancado,
mullen con serenidad de lactante,
en grandes cunas sin barrotes,
entre raíces de heno.
Un cuervo dispara el luto allá donde vuela,
posa en un Nogal, aún verde el fruto,
y yo escribo,
con su pluma negra,
a un amor enmudecido.
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